Chipre: una isla compartida, un destino único

Chipre: una isla compartida, un destino único

Nicosia, una tarde de agosto. 41° C, con los ventiladores a tope y una cerveza fría. En el cruce de la calle Ledra, que abrió sus puertas en 2008 entre el Estado de Chipre y la República Turca del Norte de Chipre, la policía hace controles periódicos, sin demasiado celo sobre las idas y venidas de turistas abrumados por el calor.

La partición de la isla desde la invasión desde el norte por el ejército turco está lejos de resolverse. Pero la apertura tiene por lo menos el mérito de revelar dos cosas: el absurdo de la situación y las imágenes en contra de una capital que es la última ciudad del mundo partida por la mitad. En el lado sur de Nicosia, el patrimonio arquitectónico está enfermo.

Aparte del distrito de Laiki Yitonia y y sus callejuelas de restaurantes, no hay nada que merezca la pena mirar. Tenemos que ir hacia el lado norte de la capital para encontrar los restos de palacios medievales y casas otomanas. Señalan que los francos y turcos gobernaron mucho tiempo en esta isla, sin embargo, quedan vestigios griegos de la antiguüedad.

chipre

Ledra Street – Imagen: Oficina de Turismo de Chipre

Dos monumentos, en particular, nos cuentan sobre el proceso de apilamiento de las influencias culturales: la mezquita Selimiye y Büyük Khan. La primera fue una catedral gótica y guarda muchos elementos de entonces. Sin embargo, está flanqueada por dos minaretes y está dedicada al culto musulmán desde el siglo XVI. El segundo es la recuperación de un caravasar impecable, que fue testigo del esplendor otomano del pasado y punto de encuentro entre Oriente y Occidente.

Abadía, castillo, murallas calabozos…

Cruzados francos, bajás turcos, venecianos, genoveses: todos llegaron a Chipre, y es, obviamente necesario, andar errante por la ciudad para encontrar sus restos. Hacia el norte, la abadía de Bellapais es el mejor legado de los francos a la isla de Afrodita.

El monasterio se hace eco del atractivo del castillo gótico vecino de San Hilarión, ampliado por los francos después de que Ricardo Corazón de León fuera capturado en el siglo XIII. La historia importa poco en el sur geopolítico de Chipre, que alberga la última mazmorra del trono franco, Kolossi, cerca de Limassol.

castillo de Kolossi

Castillo de Kolossi – Imagen: Oficina de Turismo de Chipre

La ciudad está protegida por un castillo construido por los hijos de los cruzados… y que fue reformado por los otomanos. También destaca Larnaca, al sur, y su fuerte franco-turco. Y Famagusta en el norte, sus murallas genovesas y su catedral franca. En este caso, el ping-pong patrimonial no tiene fin.

Y esto es algo que también se aplica a los paisajes. Dos cadenas de montañas, una gran llanura central y un rompecabezas de colinas con vistas al mar: eso es el resumen de la geografía de Chipre.

Los turistas occidentales permanecen casi todo el tiempo en el sur de la isla, no tienen la opción de pasar el verano respirando el aire fresco en las alturas de Troodos. Alcanzando un máximo de casi 2000 metros de altura y plagada de coníferas altas y derechas, es un lugar en el que podemos encontrar algunos pueblos de montaña y un puñado de capillas con hermosas pinturas.

Restos del arte bizantino, Asinoy y Panayia tou Arakou son, con el monasterio de Kikko y la tumba del arzobispo Makarios, coartadas perfectas para realizar todas las excursiones posibles en la región. La parte norte está además dotado de cimas montañosas interesantes.

Pero, ¿quién conoce de la existencia de la cadena de los Pentadáctilos, una estrecha cordilleras de montaña cuyas laderas descienden hasta el mar? Calles estrechas y senderos rocosos, hermosas vistas hacia la costa, capillas bizantinas aisladas, como la de Antiphonitis: pero estamos hablando de la otra cara de Chipre, la más secreta.

Chipre. Norte y sur: dos penínsulas vírgenes en una isla

En cuestión de playas, las posibilidades de elección son muy variadas. Hacia el sur se concentran todas las ciudades balneario. Y no son precisamente las más bonitas. Paphos y su clientela británica, Limassol y su largo paseo marítimo de hormigón, Ayia Napa y sus centros turísticos hosteleros construidos en masa, dejan una impresión un tanto extraña.

Para encontrar los lugares más salvajes hay que andar mucho y hundirse en la península de Akamas, desolada y estéril. O explorar la costa entre Limassol y Paphos, un hermoso lugar salpicado de playas íntimas.

Los mochileros prefieren aventurarse por el norte. La península de Karpas, apuntan hacia las costas de Levante, o el Cabo de Kormakitis, liberado de las hordas del Mediterráneo nos permiten descubrir un litoral casi virgen, frecuentado por unas pocas familias turcas.

península de Akamas

La Península de Akamas – Imagen: Oficina de Turismo de Chipre

Incluso el puerto estéticamente más bonito de Chipre se encuenta al norte. Kyrenia (Girne, para los turcos), evoca Chania, Creta, o cualquier otro puerto de las islas Cícladas. La ciudad, dominada por un castillo era la excursión favorita de los habitantes de Nicosia, antes de la partición de la isla.

Algunas tradiciones populares argumentan en favor del sur. Cuestión de raíces históricas, sin duda, los restaurantes, las fiestas religiosas ortodoxas, los bares con música en Limassol o en Paphos encarnan las raíces y las posibilidades de una isla que, obviamente, tendrá todas las de ganar, cuando las dos comunidades encuentren un punto de compromiso adecuado desde el que volver a convivir juntas.

Más información

Oficina de Turismo de Chipre

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